Esa noche un viento cálido ondeaba las cortinas, la luz de la luna dejaba en transparencias cada una de sus sonrisas; una complicidad en silencio que una y otra vez en un puñado de caricias nos dejaba huella en la conciencia; de su boca, como todas esas noches escapo de nuevo esa pregunta, ¿Te volveré a ver?
4 jun 2010
27 may 2010
Crees en mi desconfiadamente
Crees en mí desconfiadamente;
tal ves por miedo costumbre o simple capricho.
juzgas y entregas
recriminas y anhelas;
tan cansado como en la espera
sufres el recuerdo y perdonas el futuro,
derrumbes, tonos y lagrimas,
estan hoy mas alla de la esperanza;
Pues el provenir es algo que no encuentras,
algo que no buscas,
algo que quizás ya no tengamos…
23 may 2010
¿Como serán las cosas?
¿Que pasara de aquí en adelante?
¿Como serán las cosas?
¿Acaso cambiaran?
¿Seguirá todo en decadencia
o las maravillas no serán entregadas?
¿Por qué hay tantas preguntas sobre esta nuestra realidad?
¿Por qué hay incertidumbre en cada uno de los días
y duda en nuestras noches?
Miedo a vivir y a arriesgar
A sentir y salir corriendo
Huimos y solo así nos encontramos
¿Cuando estaremos lo suficientemente preparados
Para encontrar en la belleza un consuelo?
¿Donde la reencontraremos?
¿Podremos acaso reconocerla?
¿Dónde está ese anhelado antaño?
¿En qué momento nos fue arrebatado?
¿De quién es toda la culpa? …
11 may 2010
Espera, espera...
falta y próxima
lucha incansable
aburrimiento hogareño
enojo colosal
grito sordo
labios mordidos,
espera, espera
reorganización de ideas
acomodo de lugares
vistas, perspectivas
recuerdos entre anhelos
reproches bulliciosos
llanto y espera,
espera, espera…
29 abr 2010
Hoy hace dos años
esperando no se que,
de no sé qué cosa, inicie aquí,
ilusionada en verme en otras cosas
y aquellas en otras tantas,
pasar de aquí allá
y de encontrar en la entrega eso,
que… ¿como se llama?
Augure muchas emociones
y esos que también dicen,
de esos que la gente normal siente,
aquellos que no encuentra para verlos de frente,
unos secretos que más bien parecen anuncios.
Hoy hace dos anos,
emprendí una de esas aventuras,
donde palabras y gerundios,
volvieron todos los días,
y aquí en mi aventura que no avanza
y que sigue buscando,
puedo revelar, uno que otro,
pues… ¿como se dice?
27 abr 2010
Pecado, secreto y chocolate
Sabores sedientos de colores
Rosas, rojos, blancos y sonoros
Entregas todas
Deseos los mismos
Dedos suaves, silenciosos
Piel en punta
Erizada
Humedad en murmullos sin palabras
Sudor impalpable y en caricias
Amor fugaz en pequeñas sonrisas
Mordaz deleite
Necesidad mutua
Roce, Vida y muerte…
Piel en punta
Y erizada.
15 abr 2010
Aquel poeta miente
¿Entonces no será poeta?
La metáfora
¿Es acaso mentir?
Definición
“el poema es la belleza a través de la palabra”
¿Cuanto dolor es bello?
¿Qué es bello?
Si el poema es subjetivo
Libre
Sin regla
¿Deja de ser hermosamente escrito?
Ejemplo
Muchos
“aquel escribe tan bien que no se le entiende”
Y si no se le entiende
Porque no quiere ser entendido
El ego del poeta
Personalidad distante
La muerte de poeta
Siempre sola y perturbante
Personalidad poética
Irreverencia
Letras
Armonía y pedante
Aquel poeta miente
¿Entonces no será poeta?
Aquel poeta esconde
¿Entonces será el más maravilloso poeta?
Sutileza
Vulgaridad
Vida
Convivencia
Erotismo
Y el otro amor
“Es que era poeta”
Reclamaba
Gritaba
Exploraba y sentía
Aquel poeta miente
Aquel poeta esconde
“Es que era poeta”
Y ser poeta
¿Qué significa?
6 abr 2010
Le amo
Le deseo a cada centímetro de su piel
Y escucho derretirse entre su cuello
Aquella voz que le brindaba mimos con cada respirar
Le beso con la libertad del viento
Y recorrió con sus bellas manos cualquier lunar...
26 mar 2010
"Acuerdate" Juan Rulfo
Juan Rulfo al ser uno de mis Favoritos y mi excesiva curiosidad me llevaron a hacer mi propio organigrama.
Aquí les dejo el cuento que más bien es un monologo.
(Y solo para aclarar, Juan Rulfo junto a Pedro Paramo y su Infierno en Cómala, fueron los causantes de mi primer libro robado de una biblioteca, esto lo digo para que no afirmen que no conozco a mi Juanito, jeje)
Acuérdate
Juan Rulfo
Acuérdate de Urbano Gómez, hijo de don Urbano, nieto de Dimas, aquél que dirigía las pastorelas y que murió recitando el "rezonga ángel maldito" cuando la época de la gripe. De esto hace ya años, quizá quince. Pero te debes acordar de él. Acuérdate que le decíamos "el Abuelo" por aquello de que su otro hijo, Fidencio Gómez, tenía dos hijas muy juguetonas: una prieta y chaparrita, que por mal nombre le decían la Arremangada, y la otra que era rete alta y que tenía los ojos zarcos y que hasta se decía que ni era suya y que por más señas estaba enferma del hipo. Acuérdate del relajo que armaba cuando estábamos en misa y que a la mera hora de la Elevación soltaba un ataque de hipo, que parecía como si estuviera riendo y llorando a la vez, hasta que la sacaban fuera y le daban tantita agua con azúcar y entonces se calmaba. Esa acabó casándose con Lucio Chico, dueño de la mezcalera que antes fue de Librado, río arriba, por donde está el molino de linaza de los Teódulos.
Acuérdate que a su madre le decían la Berenjena porque siempre andaba metida en líos y de cada lío salía con un muchacho. Se dice que tuvo su dinerito, pero se lo acabó en los entierros, pues todos los hijos se le morían recién nacidos y siempre les mandaba cantar alabanzas, llevándolos al panteón entre música y coros de monaguillos que cantaban "hosannas" y "glorias" y la canción esa de "ahí te mando, Señor, otro angelito". De eso se quedó pobre, porque le resultaba caro cada funeral, por eso de las canelas que les daba a los invitados del velorio. Sólo le vivieron dos, el Urbano y la Natalia, que ya nacieron pobres y a los que ella no vio crecer, porque se murió en el último parto que tuvo, ya de grande, pegada a los cincuenta años.
La debes haber conocido, pues era muy discutidora y cada rato andaba en pleito con las vendedoras en la plaza del mercado porque le querían dar muy caros los jitomates, pegaba gritos y decía que la estaban robando. Después, ya pobre, se le veía rondando entre la basura, juntando rabos de cebolla, ejotes ya sancochados y alguno que otro cañuto de caña "para que se les endulzara la boca a sus hijos".
Tenía dos, como ya te digo, que fueron los únicos que se le lograron. Después no se supo ya de ella.
Ese Urbano Gómez era más o menos de nuestra edad, apenas unos meses más grande, muy bueno para jugar a la rayuela y para las trácalas. Acuérdate que nos vendía clavellinas y nosotros se las comprábamos, cuando lo más fácil era ir a cortarlas al cerro. Nos vendía mangos verdes que se robaba del mango que estaba en el patio de la escuela y naranjas con chile que compraba en la portería a dos centavos y que luego nos las revendía a cinco. Rifaba cuanta porquería y media traía en el bolso: canicas ágata, trompos y zumbadores y hasta mayates verdes, de esos a los que se les amarra un hilo en una pata para que no vuelen muy lejos. Nos traficaba a todos, acuérdate.
Era cuñado de Nachito Rivero, aquel que se volvió tonto a los pocos días de casado y que Inés, su mujer, para mantenerse tuvo que poner un puesto de tepache en la garita del camino real, mientras Nachito se vivía tocando canciones todas refinadas en una mandolina que le prestaban en la peluquería de don Refugio.
Y nosotros íbamos con Urbano a ver a su hermana, a bebernos el tepache que siempre le quedábamos a deber y que nunca le pagábamos, porque nunca teníamos dinero. Después hasta se quedó sin amigos, porque todos al verlo, le sacábamos la vuelta para que no fuera a cobrarnos.
Quizá entonces se vio malo, o quizá ya era de nacimiento.
Lo expulsaron de la escuela antes del quinto año, porque lo encontraron con su prima la Arremangada jugando a marido y mujer detrás de los lavaderos, metidos en un aljibe seco. Lo sacaron de las orejas por la puerta grande entre el rizón de todos, pasándolo por una fila de muchachos y muchachas para avergonzarlo. Y él pasó por allí, con la cara levantada, amenazándolos a todos con la mano y como diciendo: "Ya me las pagarán caro".
Y después a ella, que salió haciendo pucheros y con la mirada raspando los ladrillos, hasta que ya en la puerta soltó el llanto; un chillido que se estuvo oyendo toda la tarde como si fuera un aullido de coyote.
Sólo que te falle mucho la memoria, no te has de acordar de eso.
Dicen que su tío Fidencio, el del molino, le arrimó una paliza que por poco y lo deja parálisis, y que él, de coraje, se fue del pueblo.
Lo cierto es que no lo volvimos a ver sino cuando apareció de vuelta aquí convertido en policía. Siempre estaba en la plaza de armas, sentado en la banca con la carabina entre las piernas y mirando con mucho odio a todos. No hablaba con nadie. No saludaba a nadie. Y si uno lo miraba, él se hacía el desentendido como si no conociera a la gente.
Fue entonces cuando mató a su cuñado, el de la mandolina. Al Nachito se le ocurrió ir a darle una serenata, ya de noche, poquito después de las ocho y cuando las campanas todavía estaban tocando el toque de Ánimas. Entonces se oyeron los gritos y la gente que estaba en la Iglesia rezando el rosario salió a la carrera y allí los vieron: al Nachito defendiéndose patas arriba con la mandolina y al Urbano mandándole un culatazo tras otro con el máuser, sin oír lo que le gritaba la gente, rabioso, como perro del mal. Hasta que un fulano que no era ni de por aquí se desprendió de la muchedumbre y fue y le quitó la carabina y le dio con ella en la espalda, doblándolo sobre la banca del jardín donde se estuvo tendido.
Allí lo dejaron pasar la noche. Cuando amaneció se fue. Dicen que antes estuvo en el curato y que hasta le pidió la bendición al padre cura, pero que él no se la dio.
Lo detuvieron en el camino. Iba cojeando, y mientras se sentó a descansar llegaron a él. No se opuso. Dicen que él mismo se amarró la soga en el pescuezo y que hasta escogió el árbol que más le gustaba para que lo ahorcaran.
Tú te debes acordar de él, pues fuimos compañeros de escuela y lo conociste como yo.
FIN