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14 mar 2012

“Arrejoladitos”

En Sinaloa existe una palma que todo el mundo conoce, si, una que la acompaña un sauce.

Hoy conocí una palabra, me lo dijiste tú, arrejolada a mí y en ese instante no me intereso, me gusto sentirla untada por la piel, pero no tuvo importancia, quizás no la entendí.

“Arrejoladitos” dijiste. Como las raíces de los arboles al suelo. ¿No es arrebolados? Pregunte en afán de corregirte. Arrebolados es lo frondoso del árbol sus hojas su verdor, un campo arrebolado. Arrejolados es sin en cambio esa fuerza enmarañada que tienen los arboles viejos en sus raíces, incrustadas al suelo, entre la tierra, como si escavasen sin sentido hasta el fondo, a lo más profundo, ahí donde está la humedad del centro. Y entonces lo entendí tal vez porque me lo dijiste con la caricia de tu mano en mi cuello y con la voz entrecortada y a mi, me gusta escucharte así sin aliento. Sin aliento y “arrejoladitos” en mi cama.

7 oct 2010

Etiquetando nubes

Llueves a capricho

inestable melancolía,

pureza encarnada

en labios de tibia alegría.

Vertical sollozo

colores en vientos

diferentes y enumerados

sin regalar momentos.

Cielo de virtudes

estrellas

cicatrices

cometas y en tus juegos

infantiles canciones.

Porque no me regalas

recojo en cambio vulnerables sonrisas,

diminutos sentimientos

gotas heladas que entregan vida

berrinche

nubarrón cambiante

separando instantes

etiquetando

una nube blanca una nube azul.

Al final

escoger entre matices

sombras

limosnas

y algunas inevitables esperanzas.

27 abr 2010

Pecado, secreto y chocolate

Pecado, secreto y chocolate
Sabores sedientos de colores
Rosas, rojos, blancos y sonoros
Entregas todas
Deseos los mismos
Dedos suaves, silenciosos
Piel en punta
Erizada
Humedad en murmullos sin palabras
Sudor impalpable y en caricias
Amor fugaz en pequeñas sonrisas
Mordaz deleite
Necesidad mutua
Roce, Vida y muerte…
Piel en punta
Y erizada.

26 mar 2010

"Acuerdate" Juan Rulfo

Por ahí he escuchado que este cuento de Juan Rulfo ocasiona debates, todo por el Árbol genealógico que se va desenredando en el mismo.
Juan Rulfo al ser uno de mis Favoritos y mi excesiva curiosidad me llevaron a hacer mi propio organigrama.
Aquí les dejo el cuento que más bien es un monologo.
(Y solo para aclarar, Juan Rulfo junto a Pedro Paramo y su Infierno en Cómala, fueron los causantes de mi primer libro robado de una biblioteca, esto lo digo para que no afirmen que no conozco a mi Juanito, jeje)

Acuérdate
Juan Rulfo

Acuérdate de Urbano Gómez, hijo de don Urbano, nieto de Dimas, aquél que dirigía las pastorelas y que murió recitando el "rezonga ángel maldito" cuando la época de la gripe. De esto hace ya años, quizá quince. Pero te debes acordar de él. Acuérdate que le decíamos "el Abuelo" por aquello de que su otro hijo, Fidencio Gómez, tenía dos hijas muy juguetonas: una prieta y chaparrita, que por mal nombre le decían la Arremangada, y la otra que era rete alta y que tenía los ojos zarcos y que hasta se decía que ni era suya y que por más señas estaba enferma del hipo. Acuérdate del relajo que armaba cuando estábamos en misa y que a la mera hora de la Elevación soltaba un ataque de hipo, que parecía como si estuviera riendo y llorando a la vez, hasta que la sacaban fuera y le daban tantita agua con azúcar y entonces se calmaba. Esa acabó casándose con Lucio Chico, dueño de la mezcalera que antes fue de Librado, río arriba, por donde está el molino de linaza de los Teódulos.

Acuérdate que a su madre le decían la Berenjena porque siempre andaba metida en líos y de cada lío salía con un muchacho. Se dice que tuvo su dinerito, pero se lo acabó en los entierros, pues todos los hijos se le morían recién nacidos y siempre les mandaba cantar alabanzas, llevándolos al panteón entre música y coros de monaguillos que cantaban "hosannas" y "glorias" y la canción esa de "ahí te mando, Señor, otro angelito". De eso se quedó pobre, porque le resultaba caro cada funeral, por eso de las canelas que les daba a los invitados del velorio. Sólo le vivieron dos, el Urbano y la Natalia, que ya nacieron pobres y a los que ella no vio crecer, porque se murió en el último parto que tuvo, ya de grande, pegada a los cincuenta años.

La debes haber conocido, pues era muy discutidora y cada rato andaba en pleito con las vendedoras en la plaza del mercado porque le querían dar muy caros los jitomates, pegaba gritos y decía que la estaban robando. Después, ya pobre, se le veía rondando entre la basura, juntando rabos de cebolla, ejotes ya sancochados y alguno que otro cañuto de caña "para que se les endulzara la boca a sus hijos".

Tenía dos, como ya te digo, que fueron los únicos que se le lograron. Después no se supo ya de ella.

Ese Urbano Gómez era más o menos de nuestra edad, apenas unos meses más grande, muy bueno para jugar a la rayuela y para las trácalas. Acuérdate que nos vendía clavellinas y nosotros se las comprábamos, cuando lo más fácil era ir a cortarlas al cerro. Nos vendía mangos verdes que se robaba del mango que estaba en el patio de la escuela y naranjas con chile que compraba en la portería a dos centavos y que luego nos las revendía a cinco. Rifaba cuanta porquería y media traía en el bolso: canicas ágata, trompos y zumbadores y hasta mayates verdes, de esos a los que se les amarra un hilo en una pata para que no vuelen muy lejos. Nos traficaba a todos, acuérdate.

Era cuñado de Nachito Rivero, aquel que se volvió tonto a los pocos días de casado y que Inés, su mujer, para mantenerse tuvo que poner un puesto de tepache en la garita del camino real, mientras Nachito se vivía tocando canciones todas refinadas en una mandolina que le prestaban en la peluquería de don Refugio.
Y nosotros íbamos con Urbano a ver a su hermana, a bebernos el tepache que siempre le quedábamos a deber y que nunca le pagábamos, porque nunca teníamos dinero. Después hasta se quedó sin amigos, porque todos al verlo, le sacábamos la vuelta para que no fuera a cobrarnos.

Quizá entonces se vio malo, o quizá ya era de nacimiento.

Lo expulsaron de la escuela antes del quinto año, porque lo encontraron con su prima la Arremangada jugando a marido y mujer detrás de los lavaderos, metidos en un aljibe seco. Lo sacaron de las orejas por la puerta grande entre el rizón de todos, pasándolo por una fila de muchachos y muchachas para avergonzarlo. Y él pasó por allí, con la cara levantada, amenazándolos a todos con la mano y como diciendo: "Ya me las pagarán caro".

Y después a ella, que salió haciendo pucheros y con la mirada raspando los ladrillos, hasta que ya en la puerta soltó el llanto; un chillido que se estuvo oyendo toda la tarde como si fuera un aullido de coyote.

Sólo que te falle mucho la memoria, no te has de acordar de eso.

Dicen que su tío Fidencio, el del molino, le arrimó una paliza que por poco y lo deja parálisis, y que él, de coraje, se fue del pueblo.

Lo cierto es que no lo volvimos a ver sino cuando apareció de vuelta aquí convertido en policía. Siempre estaba en la plaza de armas, sentado en la banca con la carabina entre las piernas y mirando con mucho odio a todos. No hablaba con nadie. No saludaba a nadie. Y si uno lo miraba, él se hacía el desentendido como si no conociera a la gente.

Fue entonces cuando mató a su cuñado, el de la mandolina. Al Nachito se le ocurrió ir a darle una serenata, ya de noche, poquito después de las ocho y cuando las campanas todavía estaban tocando el toque de Ánimas. Entonces se oyeron los gritos y la gente que estaba en la Iglesia rezando el rosario salió a la carrera y allí los vieron: al Nachito defendiéndose patas arriba con la mandolina y al Urbano mandándole un culatazo tras otro con el máuser, sin oír lo que le gritaba la gente, rabioso, como perro del mal. Hasta que un fulano que no era ni de por aquí se desprendió de la muchedumbre y fue y le quitó la carabina y le dio con ella en la espalda, doblándolo sobre la banca del jardín donde se estuvo tendido.

Allí lo dejaron pasar la noche. Cuando amaneció se fue. Dicen que antes estuvo en el curato y que hasta le pidió la bendición al padre cura, pero que él no se la dio.

Lo detuvieron en el camino. Iba cojeando, y mientras se sentó a descansar llegaron a él. No se opuso. Dicen que él mismo se amarró la soga en el pescuezo y que hasta escogió el árbol que más le gustaba para que lo ahorcaran.

Tú te debes acordar de él, pues fuimos compañeros de escuela y lo conociste como yo.

FIN

1 mar 2010

Carlos Montemayor "Adios al Poeta"

Esto no es mas que mi pequeno homenaje a un gran ejemplo, adios al poeta, adios y hasta siempre;debo decir que Montemayor es una de mis inspiraciones personales, le addmiro su abertura y su diversidad, su origen y su activismo. Aqui una simple pero muy significativa reseña.

Carlos Montemayor nacido en Parral, Chihuahua el 13 de junio de 1947 † México, D.F., 28 de febrero de 2010. Fue un escritor, traductor, activista social defensor de los pueblos indígenas y de los grupos más vulnerables de su país, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, de la Real Academia Española, de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas y cantante de ópera mexicano.

Su extensa obra abarcó todos los géneros literarios, desde poesía como "El Viento", pasando por el cuento, y el ensayo. Sus trabajos lo hicieron merecedor de muchos galardones, como el Premio Internacional Xavier Villaurrutia, y también el Premio José Juan Fuentes Mares. Carlos Montemayor representa uno de los pilares de la literatura y el pensamiento político del México contemporáneo.

Carlos Montemayor es en mi opinión es la persona que ahogo entre tinta esa frase que dice “el que mucho abarca poco aprieta”.

Montemayor alguna ves nos compartió lo que para el era la poesía: “La poesía es una forma de autoconocimiento. No la veo como un ornato del lenguaje. Siento al género como una vía, un camino, para entender a cabalidad una actitud vital, una vivencia interior, un deseo inexpresable o inexpresado o incluso la memoria.”

Uno de los poemas mas leídos de Carlos Montemayor y hermosamente acertado es el de “Memoria”

Estoy aquí, en la casa, a solas.
Aquí están los muebles, el aire, los ruidos.
Tengo un sentimiento tan transparente
como el vidrio de una ventana.
Es como la ventana en que miraba la nieve al amanecer,
hace muchos años, cuando era niño.,
y pegaba la cara contra el cristal y comprendía toda la vida.
Es un deseo en calma, como la tarde.
Es estar como están todas las cosas.
Tener mi sitio como todo lo que está en la casa.
Perdurar el tiempo que sea, como las cosas.
No ser más ni mejor que ellas.
Sólo ser, en medio de la mi vida,
parte del silencio de todas las cosas.

29 ene 2010

Fin y Vuelta

Hoy es día de finales,

El más simple pero aun así festejado, el fin de semana,

Fin casi de un mes;

Fin de uno de muchos frentes fríos,

Fin también de prisas matutinas con autos inservibles.


Final de costumbres vacías,

Acabose de torturas inventadas;

Final de fotografías en blanco y negro,

Fin de esos días de cumpleaños olvidados;

Fin de mediocridades expuestas

Y final de esporádicas esperanzas.

Jamás he sido útil en los finales,

Por que a uno solo le enseñan a comenzar de vuelta;

Así que mi única respuesta para hoy es:

Fin y Vuelta...


(Después de un tiempo, aquí de nuevo mis pobres aportaciones jeje, tengan lindos finales y mas hermosos comienzos)



Podcast "La pequeña soñadora"

Mitos sobre la luna y Jaime Sabines "Imaginantes"

Se podra???